Héctor Zuleta García: La fama y el dinero son un espejismo

26 de octubre de 2019Noticias

Por: Javier Ahumada Bolívar

Cuando la fama comenzaba a envolverlo en sus tentáculos, Héctor Zuleta, hijo del legendario “Poncho”, sobrino de “Emilianito” y nieto del “Viejo Mile”, reconocidos como la dinastía más importante del Folclor vallenato,  decidió  zafarse por un camino inimaginable: El camino de la fe.

Ante todos los pronósticos, continúa su periplo, después de siete años entregado completamente a Dios, por este sendero angosto y que él considera como lo mejor que le ha pasado. –Yo diría que en menos de un año estaría regresando a las parrandas-. Sentenció el periodista Ismael Fernández; pero él permanece firme en el evangelio.

Héctor Arturo Zuleta García, nació el 26 de diciembre de 1982 en Valledupar (Cesar), en el hogar formado hace 43 años, por Tomas Alfonso Zuleta y Luzmila García. Es el tercero, de los cuatro hijos que tuvo la pareja. Su niñez fue diferente a la del común de los niños colombianos.

Parrandas, música, folclor, dinastía, visitas de presidentes, altos funcionarios del estado y reconocidos políticos de la región desfilaban frecuentemente por su casa. Añoraba por ejemplo que su padre, fuera a recibir el boletín de calificaciones al colegio Gimnasio del Norte de Valledupar donde estudiaba, o ir de compras en familia a un supermercado. Esas cotidianas cosas, no se podían hacer por las ocupaciones y la fama del progenitor.

 

CON EL ACORDEONERO CARLOS AGUANCHA

Su prioridad al comienzo no era la música, -primero los estudios- le aconsejaban especialmente su madre; una abnegada riohachera que suplía a su esposo en las ausencias paternas. -Mi mamá sufría bastante, es que ser esposa de un cantante es difícil, a veces le tocaba sola nuestra crianza- afirma Héctor.

Al terminar el bachillerato, a los 17 años, se traslada a la ciudad de Cartagena para estudiar medicina. Lo hizo con la rigurosidad que le exigía la carrera, sin embargo, algunos fines de semana salía de esa exigencia para rendirse a las ineludibles parrandas y a los amores ocasionales, acompañado del desaparecido Kaleth Morales y su hermano Carlos Alberto. Allí conoció a Patricia Blanco, estudiante de odontología quien años más tarde se convertiría en su esposa y hoy la madre de sus tres hijos.

En el año 2005, después de terminar los estudios incluido el año rural y, en contra de los consejos del padre, concluyó que lo suyo era la música, decide entonces organizar su propia agrupación con Carlos Alberto su hermano y después se une su primo, hijo de Emiliano, “Coco” Zuleta, y graban la producción “Aquí tengo todo”.

Luego, en el 2008, hace equipo con Luis José Villa, primo del destacado acordeonero Beto Villa, quien lo acompañó hasta ese día que le dijo: “No voy más con esto.”   Héctor se refería a la vida desordenada que llevaba lleno parranda, alcohol y amores furtivos.

Para la tercera producción, año 2011, Héctor, no escatimó esfuerzo para que el cd saliera con toda la calidad del caso. Se dedicó en cuerpo y alma. Sin embargo, un mensaje le causó intranquilidad: “Si quieres que este disco sea un éxito, tienes que buscar a Dios”. Le condicionó, uno de los integrantes de la agrupación. -Bueno si eso es así yo lo hago-. Pensó Héctor. Y lo hizo. No para convertirse en aleluya, sino para garantizar el éxito de su nueva producción. Y lo logró. “La Mujer de mi Vida”, fue el sencillo que en las primeras semanas se convirtió en todo un suceso musical en el ámbito vallenato. La promesa que le dieron se estaba cumpliendo.

Una experiencia que lo marcó fue en la casa de un amigo en la ciudad de Santa Marta. “Ese día llegué allá con mi esposa y varios integrantes de la agrupación, él, mi amigo, estaba conociendo de Dios por esa época. Después de la tertulia normal, me dice que no nos fuéramos, que llegaba un pastor a visitarlos, y accedimos a esperar. Yo llevaba como dos meses de estar guardándome para que el disco tuviera éxito.  El pastor era Rafael Daza. Después de los saludos él dice que va a orar por nosotros. Mira, cuando ese hombre empieza a orar y se acerca a mi esposa, y ella cae llorando, yo me asusté; luego llega a otro compañero, que en algún tiempo estuvo con el Señor y se había apartado, le pone las manos en la cabeza y ese hombre empieza a hablar en lenguas raras, yo nunca había escuchado eso, y me dije a mismo: Ñerda esta vaina es verdad. Cuando llegó a mi yo me tiré, estaba era asustao”. Relató.

Ávido de conocer al Señor comenzó a escudriñar la biblia. Abrió de par en par las ventanas de su corazón. Mientras más se nutría de la Palabra, más se daba cuenta de lo triste que era su vida. -La fama y el dinero son un espejismo-. Me dijo con un aire de decepción.

Para él su verdadera liberación ocurrió en un retiro que organizó y que con engaño se llevó a los miembros de la agrupación. Para la ocasión llegaron tres pastores de la ciudad de Santa Marta. En el momento, en que lo estaban orando, sintió un ahogo que le permitió soltar un grito, que según él se escuchó como a siete kilómetros a la redonda.  Unos días después, el 31 de diciembre, se traslada a la ciudad de Valledupar para celebrar la venida del año 2012 en familia. Cuando estaba cambiándose para asistir a la fiesta, recibe una llamada de uno de los amigos cristianos de Santa Marta. Héctor le cuenta de su experiencia de liberación días antes.  –Bueno Héctor, cuidado vas a tomar, la biblia dice que cuando hay liberación la casa esta vacía de espíritus inmundos y si no entra el Espíritu Santo el regresa con siete más. “Cuando él me dice eso, me dio un susto que todavía lo tengo, no he tomado más nunca”, me dice y se ríe.

Casi un año duró haciendo presentaciones, para él sin sentido. En cambio la casa que tenía en Barranquilla, donde se hicieron parrandas hasta por tres días, poco a poco se fue convirtiendo en un sitio de encuentro, de pastores, líderes y hombres impecablemente vestidos, quienes en vez de una botella de wiski llevaban la biblia y con sus esposas en vez de amantes furtivos. Veía como en estas reuniones Dios lo iba haciendo libre de ataduras del pasado, del alcohol y las mujeres.

No le importaba, por ejemplo, que lo hayan escogido como la imagen del carnaval de Barranquilla, ni la gruesa suma de dinero para presentarse en la fiesta de la Virgen del Carmen, en La Guajira. “Ya yo estaba claro, conociendo de Dios no me iba a prestar para eso”, precisó.

 

EN LA IGLESIA BOSTON CENTRAL DONDE CONGREGA

En febrero le dan el número celular de Carlos Aguancha, un acordeonero con quien algunas veces alternó en sus presentaciones, Aguancha que hace parte de la iglesia Centro Carismático Jerusalén lo invita a reunirse con Luis Guillermo Zabaleta, en otrora acordeonero de Luis Felipe Peláez y líder de la iglesia. Tras varias reuniones decide asistir a esta congregación. Ahora las reuniones de casa las lideraba Zabaleta, quien se convirtió en su mentor. Cinco años duró congregándose y sirviendo, en el ministerio musical, de esta iglesia.

En el 2016 cayó en una -monotonía, en una pasividad espiritual y sentía que estaba estancado, que necesitaba conocer un Dios más integral-. Después de un proceso de oración y pidiendo dirección de lo alto, decide cambiarse de iglesia. No fue fácil. Visitó varias hasta que en una llegó a la iglesia Boston Central, que lidera el pastor David Reyes, sintió paz, sin embargo, duró dos meses asistiendo para tomar la decisión definitiva de quedarse allí. “La transición no ha sido fácil, poco a poco fui integrándome a la visión de la iglesia. Nos han acogido muy bien. Ahora mismo estamos trabando en la primera producción musical todos con temas cristianos, con músicos que sean ministros de la Palabra”, manifiesta con satisfacción.

La crítica vallenata, lo consideraba el heredero legítimo de la voz de su padre y digno representante de la cuarta generación de los Zuleta, Dios en cambio le habló diciéndole que no haría música de acuerdo a sus generaciones, que transmitirá su Palabra a través de la predicación y la música.

Publicado en el periódico Buenas Nuevas, edición septiembre de 2018

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