Hipoteca perversa

15 de junio de 2020Juan Carlos Torres Trillos Opinión

Por: Juan Carlos Torres / @soyjuanctorres

¡Dejemos el romanticismo! La hipoteca inversa es un servicio privado y para nada desinteresado; los bancos no están regidos por la caridad. Una cosa es la intención del Estado y otra, el olfato del banquero; una cosa es la norma del gobierno y otra, la letra diminuta del contrato.

La política social para protección de la tercera edad en Colombia es un descalabro. Sólo tres de cada diez adultos mayores alcanzan a pensionarse. Lejos de resolver el problema, la hipoteca inversa sólo ofrece una solución temporal de liquidez con consecuencias emocionales y un impacto mortal sobre el patrimonio.

La hipoteca inversa es un crédito con garantía inmobiliaria de endeudamiento intergeneracional, y en la práctica, una política de pensión con cargo al bien raíz del adulto. Lleva implícita, al inicio, la sensación de protección; y al final del contrato, la no grata premonición de perder el patrimonio.

Es propia de nuestra idiosincrasia, la mentalidad de atesorar un patrimonio que brinde una mínima seguridad al núcleo familiar para cuando faltemos; en lo posible, sin deudas ni hipotecas. También están los que prefieren no dejar herencia y disfrutar sus rentas. Para cada caso, habrá un contexto particular; por suerte, la hipoteca inversa es voluntaria.

No obstante, en las actuales circunstancias de necesidad de las familias colombianas, a causa de la insuficiencia de ingresos por cuenta de la emergencia social y económica, esta “oportuna” iniciativa, podría ser un anzuelo para pescar necesitados a costa de su patrimonio.

En principio, la iniciativa parece amigable y solidaria, y sin duda, contribuirá en el inmediato plazo a otorgar liquidez y dignificar la calidad de vida de las familias inmersas en la pobreza oculta; sin embargo, al final, detrás de la buena intención, los bancos, aseguradoras, fondos de inversión; y en general, las entidades del sector financiero, serán las más beneficiadas.

Los banqueros saben que el 67% de los adultos mayores de 65 años son propietarios de vivienda y que el 72% no goza de pensión; igualmente, saben que la esperanza de vida en Colombia no supera los 77 años. También son conocedores que la ecuación de costos de: intereses, impuestos, tributos y aseguramiento de las hipotecas, son prácticamente impagables para los herederos.

Lo que hoy es un alivio temporal, en doce años o menos será una neuralgia severa cuando la deuda de la hipoteca se traslade a los hijos que pretendan quedarse con la propiedad, consolidando el circulo vicioso de la deuda conocido como homo indebitus, consistente en el traslado de la herencia del pasivo de padre a hijos.

Como garantía, el deudor deberá adquirir una póliza que ampare el riesgo sobre la superación de la longevidad proyectada en el cálculo de tasación; es decir, que, si el adulto mayor sobrepasa la edad estimada de muerte, será una aseguradora quien asuma el riesgo; estas pólizas son costosísimas. Súmenle, el pago de las pólizas de riesgos contra incendios, terremotos y otros eventos catastróficos.

Sonará grosero y descortés: para el negocio, es más rentable un abuelo enfermo que uno sano y longevo.

La hipoteca inversa aún no nace y ya está condenada a fracasar, como en España; o a no despegar, como en Chile o en Perú; porque somos sociedades con apego afectivo al bien; no somos desprendidos y buscamos proteger a los hijos. También persiste una prevención natural sobre los bancos, todos sabemos que los bancos nunca pierden. Si fuesen tan católicos, serían iglesias.

El Estado debe cubrir su deuda histórica con la tercera edad, y cumplir con la concurrencia en su protección como lo establece la Constitución, promoviendo que todos logren pensionarse, y no encubriendo los vacíos del sistema pensional cohonestando con un negocio privado que conduzca a nuestros abuelos a endeudarse, hipotecar o malograr los sueños, que, con esfuerzo, propusieron heredarle a sus parientes.

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