La vuelta a las regiones en medio de la globalización

Estrategias empresariales que durante décadas se habían reproducido a nivel mundial, modelos económicos de países basados en sectores como comercio internacional, entre muchos otros aspectos se han visto en riesgo debido a la conjunción de la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la crisis producto de la pandemia. Esto implica un cambio en la economía mundial y una nueva tendencia en la globalización como la conocíamos.

De acuerdo con Jahir Lombana, docente de la Escuela de Negocios y doctor en Economía, aun cuando el actual clima económico se podría decir que es producto de este acercamiento entre países, personas y empresas, la globalización está lejos de terminarse. “La pandemia no es necesariamente una razón para limitar la globalización, es más probable una reconfiguración de las cadenas globales de valor y la necesidad de que todos los agentes se preparen para responder más rápido a disrupciones”, anotó.

Se están comenzando a ver nuevas posibilidades entre ellas: la cercanía geográfica como una ventaja. “Es una de tantas variables que se está teniendo en cuenta, pues el efecto costo laboral definitivamente ha sido la ventaja fundamental para China”, señaló. Para aquellos productos con un alto valor agregado y que requieren de altos niveles de especialización e infraestructura, las cadenas globales de valor van a persistir en el mediano y largo plazo.

Sin embargo, la tendencia durante la pandemia puede llevar en el corto plazo a la reconfiguración de las cadenas globales de valor a proveedores más cercanos, en el caso de productos que no requieran de mano de obra especializada. Por ello, se ha entrado en un terreno del equilibrio: entre la posibilidad de tener un inventario más inmediato, de revisar los costos de transporte y laborales para producir esos bienes o para prestar los servicios y así poder equiparar las nuevas formas de exportación con un énfasis regional a la anterior fórmula global.

En el caso de Colombia, el efecto en las cadenas globales de valor se ve fundamentalmente al estar concentrados en la producción y exportación de productos minero energéticos —más del 50% de nuestras exportaciones dependen de ellos—. La clave para mejorar sería diversificar y empezar a buscar lo que se ha llamado comúnmente exportaciones no tradicionales.

Según Lombana, una de las posibilidades a revisar es la exportación de servicios. “La concentración en los servicios es fundamental y para eso se requiere un capital humano especializado y bien formado”, dijo. Esto es relevante en el panorama en el que estamos, pues empresas en países como Estados Unidos están buscando diversificar sus proveedores y no depender de los existentes; una situación que se ve presionada tanto por la pandemia como por la guerra comercial entre las dos potencias mundiales.

Allí es donde puede entrar a competir las empresas colombianas, como proveedores adicionales, o de segundo nivel o de tercer nivel, es decir, no necesariamente exportar productos finalizados, sino hacer parte de la cadena de producción. De esta forma se puede “empezar a jugar un poco con los márgenes e incorporar valor agregado en la medida en que la curva de aprendizaje se va desarrollando”, explicó Lombana, quien actualmente investiga sobre los conceptos y efectos de las cadenas globales de valor en la competitividad, como parte del proyecto «Textos Guía» de la Universidad del Norte, en un libro sobre integración económica internacional en países emergentes.

Las cadenas globales de valor han venido cambiando desde hace 50 años. En la década del 70, los flujos de comercio eran en su mayoría de materias primas y había una concentración en lo doméstico. Los 80 se caracterizaron por una deslocalización de empresas a países vecinos para llevar las etapas de ensamblaje a otros lugares con mano de obra barata. La continuación de este proceso de salir de lo doméstico a otros mercados deriva, en los 90, en la entrada de China; un actor con un total encadenamiento de los eslabones en la cadenas de valor de manufacturas.

En este proceso, los ganadores han sido las grandes empresas (por la reducción en costos de producción y mayores márgenes) y los consumidores (por la variedad y reducción de precios en productos); los perdedores: los países y trabajadores desde donde se relocalizaron las industrias, y, por supuesto, el medio ambiente, que por los efectos contaminantes de la industrialización masiva ha llevado la peor parte.

Aún se desconoce si se revertirán estos efectos y qué tanto producto de la crisis generada por la covid-19. En medio de esta incertidumbre, el mundo está otra vez buscando oportunidades en las regiones.

Por Leonardo Carvajalino

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