De la carrera sólo queda el contagio

Por: Juan Carlos Torres T. / @soyjuanctorres

Algún día, todos tendremos que salir a producir y reactivar la economía familiar y nacional, y evitar un estallido social descomunal; sin embargo, hacerlo precipitada y desmesuradamente, sin una conciencia y responsabilidad individual y empresarial, sólo sería la crónica de una tragedia anunciada. Dios no lo quiera, del tamaño de nuestros inmediatos referentes de España, Italia y Estados Unidos, o los fronterizos, Brasil y Ecuador.

Retardamos el pico de la pandemia que inevitablemente llegará, dando tiempo a que el sistema hospitalario respirara y se fortaleciera; no obstante, persisten   profundas falencias, de discapacidad hospitalaria, escasez de elementos de bioseguridad y equipos médicos, de limitada provisión de Ucis e insuficiencia de testeos masivos, que sugerían mayor espera; especialmente, por el agravante de las entregas de insumos médicos que Colombia compró, cuyos envíos están fijados para después de junio.

Se estima que la ampliación de las excepciones previstas en el Decreto 593, permitirá la interacción de 7millones de ciudadanos, lo que, según expertos, podría representar al menos 3millones de nuevos contagiados y la necesidad de 40mil unidades de cuidados intensivos. Colombia, incluidas las de cuidados intermedios, apenas alcanza las 10mil. También está la ausencia de Ucis en algunas regiones del país.  Lo que hoy es ventaja, podría convertirse en perjuicio, máxime cuando, de los 6 billones urgentes que promulgaron girar a los hospitales, sólo han desembolsado la tercera parte.

Hablar de autocontrol y autorregulación en un país que impone 7mil comparendos diarios por incumplimiento de la cuarentena, que no sabe mantener distancia en una fila, es un eufemismo.  Algunos empresarios en su anhelo vehemente de reabrir, han sido inmisericordes con las autoridades locales que preparan la reapertura económica, organizada y garantista del cumplimiento de los protocolos de seguridad, inobservando la gran exposición de los trabajadores y las familias humildes hacia un riesgo mortal.

Si los médicos, que están en la primera línea de batalla no cuentan con las medidas de protección, figúrense la situación de los obreros. Es mejor prepararse bien, sin tanta prisa, que lamentar después. Si en quince días la curva asciende, todos volverán a casa, las empresas y constructoras cerrarán nuevamente, el sistema hospitalario colapsará y los hornos crematorios no darán abasto.

Regular el reinicio de la gigante economía, en las actuales circunstancias, no es como “soplar y hacer botellas”. Las autoridades locales y la Policía, recibieron una verdadera “papa caliente” que no es fácil de sortear. Controlarlo todo y a todos, cuando hasta el vendedor de bicicletas y de lotería saldrá a la calle, es un imposible.

Las pérdidas humanas y económicas, son incalculables e inevitables, y la reactivación económica irreversible. Debemos alcanzar un equilibrio entre lo económico, lo social y la preservación de la vida y la salud pública, con sublimes, inspeccionables y alcanzables medidas intermedias entre el aislamiento drástico y las libertades amplias.

En este “sálvese quien pueda”, sobrevive el que se cuida. Esta crisis sanitaria exige una gran responsabilidad individual que debemos sobrentender, en medio de tantos afanes, presiones y necesidades; el verdadero aislamiento inteligente lo hacemos nosotros mismos. La situación ideal podría ser otra, con condiciones más generosas, pero esta fue la que nos tocó.

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