Genocidio y robo sistemático factores comunes del poder elitista

Por Ulises Redondo Cienfuegos, colaborador

El fenómeno macabro del asesinato y el delito abominable del robo que por lo general conlleva al homicidio, le han permitido al hombre crear el paradigma de la cultura occidental. Asombrosamente sobre estas columnas inexpugnables, incólumes, hasta ahora, descansa el progreso de la humanidad. 

Guerreros y ladrones victoriosos, exitosos, han trazado y forjado la ruta del progreso. Su poderío lo obtuvieron de su brazo armado y de su brazo político, este último como extensión «moderado» de la guerra, aunque a la inversa también les dio resultados favorables, es decir, la guerra como extensión de la política. Los grandes guerreros como Atila, Alejandro Magno, los Césares, Gengis Kan, Napoleón y Hitler, entre otros acumularon poder matando y robando y por supuesto, dominando a los vencidos que tuvieron que resignarse a engrosar las fila de la servidumbre. 

Inconmensurable poder los convirtió en dioses. Con inmensas fortunas, protegidos por vastos ejércitos y con millares de difuntos en sus cuentas, se tornaron «invencibles», temerarios, credenciales suficientes para auto proclamarse como dioses y reemplazarlos.

El poder deriva de la sobrevivencia. Entre más muertitos tiene un sujeto en su haber y más fortuna en su saldo, mayor poder y además, un valor agregado: mayor posición dominante que no es otra cosa distinta a: mayor respeto hacia el poderoso, sentimiento algunas veces de “reconocimiento a la autoridad», la mayoría de las veces de miedo hacia el poderoso.

Las patologías mentales como sadismo, prepotencia, vanidad, endiosamiento, racismo, discriminación, clasismo y sus derivados: estatus social, estándar de vida, estratos sociales, son las máscaras que cubren el asesinato y el robo ejercidos durante centurias pretéritas.

Hay un círculo del poder mundial que decide quienes viven y quienes mueren; quienes tienen derechos y quiénes no. No solo tienen el poder de inmensos capitales, sino también el omnímodo poder de la fuerza, de la ciencia y la tecnología y entre esta última está el poder de la informática. Dominan la Personally Identifiable Information, los datos personales de una gran masa de la población mundial. Pueden saber quiénes son y dónde localizarlos si es necesario en tiempo real. Saben quiénes son sus enemigos reales y potenciales y, si no, se los inventan. Dominan el poder de la ciencia para crear virus letales que desencadenen pandemias. En efecto, es más fácil y menos costoso crear un virus que elimine parte de la población mundial a través de transmisión por contacto, que el despliegue de enormes ejércitos y el transporte de armamento pesado. Además, la agresión nuclear es insensata si partimos del hecho que otros países poderosos tienen armamento nuclear para contra atacar. Entonces la guerra biológica tiene lógica y el resultado es que el mejor amigo es el enemigo natural. Pero, además, en este teatro mundial de la muerte colectiva ellos crean la enfermedad y la cura, y deciden en el libre mercado quienes, por poder adquisitivo, deben ser sanados y quiénes no. Pingue negocio para un monstruo sediento de sangre y hambriento de capitales. Para la élite del poder mundial, jugar a los soldaditos sigue siendo atractivo. Continúa siendo un juego de «niños traviesos», pero con la ventaja de que ya no es necesario que Mambrú vaya a la guerra.

En el Club Bilderberg, el cual se reúne anualmente, se encuentra la élite del poder mundial.

Puede que los teóricos de la conspiración exageren, pero tienen parte de razón, dice el profesor de origen griego Andrew Kakabadse, coautor del libro Bilderberg People (La gente del Bilderberg).

Y es que el grupo tiene un poder genuino que supera por mucho al Foro Económico Mundial, que se reúne en Davos, sostiene Kakabadse. Y sin transparencia, es fácil ver por qué las personas están preocupadas por la influencia que puedan tener.

«Esto es mucho más inteligente que una conspiración», dice el profesor. «Esto es moldear la forma en que la gente piensa, de modo que parezca que no hay alternativa a lo que está sucediendo».

Según Daniel Estulin, escritor e investigador ruso, «Uno de los temas anunciados en la cumbre del Club Bilderberg es el cambio del paradigma de la sociedad: las tecnologías del futuro»

«Las guerras del futuro se librarán no con armas, sino con la tecnología del futuro. Un teléfono, un ‘smartphone’, cualquiera tiene más tecnología que las naves espaciales que llegaron a la Luna en los años sesenta», explicó Estulin. 

«Es decir, si tú puedes hacerte con el control de la tecnología del futuro, puedes controlar el mundo entero en todas sus manifestaciones porque todo lo que nos rodea es una tecnología en un estado puro y por eso tienes Google  Amazon, las empresas como Microsoft y Apple que están en todas estas reuniones. Y obviamente empresas como Google son un aparato imprescindible de la seguridad nacional de EE.UU. cuyo objetivo no tiene nada que ver con ofrecer servicios sino con el control total y absoluto», concluyó. 

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