Guerra de mascarillas y respiradores

13 de abril de 2020Juan Carlos Torres Trillos Opinión

Por: Juan Carlos Torres / @soyjuanctorres

La batalla por adquirir mascarillas y equipos médicos, es otro desafío que enfrenta la sociedad mundial, por la abismal demanda de los codiciados insumos, su limitada disponibilidad e incapacidad inmediata de producción, como simbolizando el final de la globalización en términos de integración, y la debacle de una economía basada en el libre juego de las fuerzas del mercado.

En esta especie de piratería moderna, de “ley del vivo”, donde todos quieren poseer los insumos, las naciones poderosas, mayores postoras, desplazarán a las más pobres, de tal suerte que Latinoamérica y África seremos los del final en las listas de espera, como cuando esté disponible la vacuna.

En Europa, algunos países confiscan todo material de protección que haga escala en sus territorios. Entre otros, Francia decomisó un cargamento sueco de 4millones de mascarillas que tenían por destino Italia y España, al final cedieron sólo la mitad de la incautación. A su vez, los franceses denunciaron que agentes estadounidenses les arrebataron un cargamento de mascarillas en China, lo mismo hicieron las autoridades de Brasil, país que perdió un millonario pedido de productos médicos.

Los agentes yanquis hacen presencia en los aeropuertos chinos, licitando con dinero en efectivo y “al pie del avión”, comprando hasta por cuatro veces su valor, los cargamentos. China produce el 90% de las mascarillas, y sus aeropuertos lucen como mercados persas. Los alemanes también culpan a las autoridades norteamericanas, de haberle confiscado en Tailandia un cargamento de 200mil mascarillas, al mejor estilo del “lejano oeste”.

Igual con los ventiladores y equipos médicos de protección; entre otros casos, Turquía incautó para el tratamiento de sus enfermos, un pedido de respiradores mecánicos de los españoles, lo propio hicieron las autoridades italianas confiscando 2mil respiradores que tenían como destino Grecia. Estados Unidos, India y Turquía restringen la exportación de mascarillas N95, batas y guantes quirúrgicos, para asegurar la provisión a sus naciones.

En lo local se refleja el coletazo de esta guerra residual, propiciada por los acaparadores y especuladores de tapabocas, alcohol, otros insumos médicos y alimentos. La pandemia es como ese espejo que vino a reflejar el egoísmo de la humanidad. Tiemblan la armonía y la confianza entre las naciones y la unidad que profesan organismos como la ONU y la Unión Europea.

En este “sálvese quien pueda”, el panorama de nuestros países periféricos a los pilares del capitalismo mundial es desmoralizante. Los pedidos de suministros médicos, tardarán tras la convulsión mercantil. La esperanza descansa en la habilidad de saber “pescar en el río revuelto”; y en el ingenio, la invención y la fe que provoca la necesidad de sobrevivir.

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