Nuevamente cuesta arriba con los casos y muertes por COVID-19

19 de marzo de 2021Opinión Ulahy Beltrán López

Por: Ulahy Beltrán López[1]

Las cifras no mienten. Los reportes oficiales del Instituto Nacional de Salud que a diario informan los nuevos casos confirmados y los fallecimientos en Colombia por el coronavirus COVID-19 demuestran que muchas ciudades en el país, por lo menos en la Costa Caribe, están recorriendo el camino hacia el tercer pico de la pandemia que ya lleva un año largo en el mundo y un año exacto en territorio colombiano.

Ya se vivieron dos picos en los que se alcanzaron cifras muy altas de casos confirmados y muertes por COVID-19 en nuestro país: el primero en agosto del 2020 y el segundo cerrando el mes de diciembre pasado y empezando el mes de enero de este 2021. Las cifras del último pico muestran el impacto que tuvo esta pandemia en Colombia: en diciembre de 2020 los casos reportados en el país fueron 325.369 y hubo 6.477 muertes, en enero los casos confirmados fueron 453.009 casos confirmados y 10.770 muertes.

El segundo pico pandémico pasó y por eso en el mes de febrero hubo una evidente disminución cuando apenas los casos reportados sobrepasaron en poco los 150.000 y las muertes fueron algo más de 5.550. Se puede decir que esta caída en los registros fue consecuencia de las medidas restrictivas aplicadas por las autoridades en el pico de enero, sumadas al comportamiento de la gente.

Sin embargo, las cifras en el presente mes de marzo indican una innegable tendencia al aumento en casos confirmados y muertes, lo que significa que el país va “cuesta arriba” rumbo a coronar un tercer pico pandémico. Resulta pertinente mencionar que por varios factores, en Colombia los momentos pandémicos difieren en cada región del país y esa situación se ve reflejada en el comportamiento tendencioso al alza o a la baja de casos confirmados y fallecimientos.

En ese orden de ideas, lo que resulta inocultable en las ciudades de la Costa Atlántica es que la disminución de casos y muertes que se observó en el mes de febrero, muchos erradamente lo tomaron como el fin de la pandemia (craso error), pues el virus siguió circulando, mutando y matando, toda vez que no se ha demostrado que haya disminuido su capacidad para infectar. Así las cosas, esa falsa sensación de seguridad por la disminución en el conteo de casos reportados y muertes, llevó al relajamiento de la gente frente a las ya muy conocidas medidas de bioseguridad y autocuidado tanto individuales como colectivas.

Ese relajamiento facilitó el camino al tercer pico y durante el recorrido a esta nueva cima en número de nuevos contagiados y fallecidos, las ciudades enfrentan situaciones peligrosas como el día lunes de puente festivo que se avecina y la celebración de la inminente Semana Mayor.  Y si esta situación del relajamiento no se interviene inmediatamente, nuevamente aumentarán los contagios, aumentará inmediatamente la demanda de hospitalizaciones, aumentará la necesidad de uso y por ende de la ocupación de las unidades de cuidados intensivos – UCI, (hoy el caso de las UCI en Santa Marta es patético y así ocurrirá en las otras ciudades costeñas) y aumentará desafortunadamente también el número de fallecidos por la pandemia en esta zona del país.

Ni los gobernantes territoriales (gobernadores y alcaldes) ni la misma comunidad pueden “confundirse” en este momento crítico al considerar erradamente que el proceso de vacunación contra el coronavirus que actualmente se adelanta en el país, solucionó el problema de la pandemia y sus consecuencias. La llamada inmunización “masiva” (entre comillas porque hasta ahora en la realidad la vacunación contra el coronavirus en Colombia no ha sido masiva pues una inmunización se considera masiva cuando van aplicadas más de 3 millones de dosis y hasta el momento, el porcentaje de vacunación alcanzado es extremadamente mínimo frente a la meta a cumplir de acuerdo con lo definido en el mismo Plan Nacional de Vacunación), no puede ser considerada como una razón que en el inmediato futuro evitaría la reactivación de la pandemia, precisamente porque hasta ahora se ha aplicado un número mínimo de dosis de vacunas, hecho que lógicamente no tiene efecto evidente en términos de protección colectiva, faltando aún la aplicación de casi la totalidad de millones de dosis requeridas, necesitándose  por lo menos varios meses para que ocurra el impacto real de la estrategia de inmunización sobre la pandemia.

Así las cosas, dado que la Semana Mayor es una época en la que tradicionalmente se incrementa la movilidad, la cercanía de personas y la gente se reúne en conglomerados, (circunstancias que son el caldo de cultivo ideal para la aceleración de contagios), los gobernantes territoriales deberán generar las medidas que deben incluir, entre otras, la expresa prohibición de las procesiones y aglomeraciones en esa época (España ya lo definió para algunas regiones para proteger a la población de nuevos contagios y muertes por COVID-19 en la época de la Semana Mayor).

En ese mismo sentido para enfrentar este tercer pico será importante que los gobernadores y alcaldes comprendan que es absolutamente mandatorio mantener el control de los aforos y la ventilación de todos los espacios, además de flexibilizar horarios laborales, permitir la alternancia en el trabajo y estar vigilantes con los sobrecupos en el transporte, así como mantener la restricción en los eventos públicos masivos, como se expresó para el caso de los eventos de la Semana Mayor.

Desde lo técnico, la recomendación es que las medidas de restricción de movilidad, si se van a tomar (por las cifras se hacen necesarias), se adopten de manera concertada y articulada entre el gobernador de cada departamento junto con los alcaldes de los municipios (e inclusive con el alcalde del distrito si hubiese este tipo de ente territorial en el departamento correspondiente), para que dichas medidas resulten efectivas y no se favorezca la propagación y dispersión del virus con el traslado en doble vía tanto entre “municipios y municipios” como entre “municipios y distrito” de sus habitantes, pues no se estaría logrando el objetivo de ese tipo de medidas protectoras.

La Costa Atlántica no puede darse el lujo de seguirle aportando a Colombia más casos confirmados ni de muertos por la pandemia, ya aportó suficientes.  Por ello no es el momento entonces para darle siquiera un pequeño espacio a la relajación, sino por el contrario, todos sin excepción, gobernantes y gobernados, deben permanecer vigilantes y alertas, manteniendo la disciplina ciudadana y con medidas de restricción concertadas y articuladas entre los mandatarios territoriales. Si no se procede de esa forma, seguirá el rumbo de la pandemia “cuesta arriba” en la Costa Atlántica y alcanzará la cima del tercer pico de ésta, con el altísimo costo de enfermos y muertos en la región por la propagación del virus que llegó y no quiere irse, sino quedarse.

[1] Es: Médico Cirujano, Especialista en Gerencia de Servicios de Salud y Especialista en Seguridad Social Latinoamericana. Ha sido: Vicepresidente de la Junta Directiva Nacional de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), Consejero Nacional, Departamental (Atlántico) y Distrital (Barranquilla), de Seguridad Social en Salud, miembro de juntas directivas de IPS privadas y de empresas sociales del estado, asesor en salud de la Contraloría General de la República, gerente del Hospital Universitario CARI ESE. Actualmente: docente universitario, columnista en medios impresos y virtuales, consultor y asesor en servicios en salud, editor de NOTAS DE ACTUALIDAD EN EL SECTOR SALUD. Todas las columnas del autor encuéntrelas en https://ulahybeltranlopez.blogspot.com o solicítelas al contacto: ubeltran@hotmail.com

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